Posteado por: Skurch | 4 enero 2017

La música de tu (otra) vida: Trailer y película Rogue One. O el meñique levantado.

ATENCIÓN, SPOILERS MÁXIMOS EN ESTA RESEÑA (avisaos estáis)

Ya sabéis lo que opino de los trailers de películas y de su música. ¿No? Bueno, pues aquí, y aquí tenéis un ejemplo, pero si no os apetece leerlo, pues simplemente deciros que con el tiempo el trailer se está convirtiendo en un género en sí mismo, la capacidad para transmitir con muchísima fuerza un mensaje emocional en un tiempo extremadamente corto, y la música de esos trailer está evolucionando también con la misma fuerza.

No nos empantanemos. Empecemos empecemos por los trailers, y luego hablamos:

Bueno, ¿eh?

Vale, las imágenes y los diálogos están soberbiamente escogidos. La película en sí no muestra una enorme cantidad de diálogos estratosféricos, pero no son malos, ni mucho menos. Las frases que han escogido aquí son de las mejorcitas, pero puedes encontrar más en la peli.

Ahora nos concentramos en la música:

Sí, es el tema de “La Fuerza”. Escúchalo tranquilamente y déjate embargar por esas sencillas notas tocadas de forma “diferente”.

En este caso, con un puntillo oscuro, y esa sirena “imperial” sonando de fondo, no me digas que no te pega un empujón. Aunque no seas un fan de Star Wars.

Vale, ahora vamos con el siguiente:

Ahora me entiendes. Seguro.

Y sí, es el tema de la “Marcha Imperial”. Transformado de tal manera que te arrebata. ¿Cómo han podido convertir el Himno Imperial en algo épico? Justo lo contrario que en el anterior trailer. Caray.

Vamos a escucharlo sin distracciones:

Sí, una magnífica “relectura” de la marcha imperial. No se si es creación propia del autor de la banda sonora, Michael Giacchino, o de otra persona, no he podido encontrarlo. Pero mola.

Y te preguntarás: ¿Qué tiene que ver el meñique levantado? Me explico.

Hay que ver cómo somos.

Una cerveza aguada, un calimotxo inmundo o un vino del tetrabrick se transforma en otra cosa cuando levantamos el meñique al beberlo. Es así. Nos ponemos finos, arrugamos en entrecejo y luego emitimos nuestra opinión sobre lo humano y lo divino como si se abrieran las nubes y dejaran caer una tablas de piedra con nuestras palabras.

Mierda. Al final, es solo mierda.

Hablemos de Rogue one, una historia de Star Wars.

La crítica se ha lanzado a por ella como si fuera un cadáver que descuartizar, y además lo han hecho, casi desde el primer trailer, diciendo aquello de “el negocio de Dysney”. Como si eso pudiera explicarlo todo. Amos ya, hombre.

Pues claro que Disney hace negocio, como todos. Como lo hizo George Lucas en su momento, joder. Pero además, nos tuvo casi durante una generación sin una película de Star Wars que llevarnos a la retina. Ya nadie se acuerda de esos años donde solo teníamos las tres y ni siquiera se avistaba en el horizonte nada parecido a una secuela. Esos niños que vieron el estreno en el cine, donde se tiró meses (sí, meses, entonces una película podía estar meses en cartelera, compruébalo si no me crees) ansiábamos que nos diera un poco de ambrosía, por muy poca que fuera. Porque las pelis eran buenas, buenísimas, pero mucho más porque es precisamente esta generación que ahora habla sentenciando es la que sufrió esa travesía en el desierto. Y luego, además, nos tocó ver las precuelas, una gorrinada donde las haya.

Vale, entiendo que nos hayan vapuleado un poco. Bastante, más bien. Pero dime una cosa… si “El despertar de la Fuerza” y “Rogue one” hubieran sido las primeras después de las tres originales… ¿a que las hubieras visto de otra manera?

No me mientas. Entre otras cosas porque me importa un carajo. En tu interior sabes que esas precuelas nos chafaron a todos, nos congelaron la sonrisa en la cara, nos dejaron con ganas de meterle los midiclorianos a George en el culo, pero mira, ya pasó. Ya pasó.

Ahora tenemos el Despertar de la Fuerza, que es un poco repetitiva, sí, que no aporta gran cosa a las originales, vale… pero que retorna a la senda de la que nunca debió salir.

Y Rogue One es incluso mejor. Porque aprovecha la simple historia de cómo consiguieron los planos de la Estrella de la Muerte para contar una buena historia. Y más oscura.

Sí, no empecemos de nuevo. Si quieres oscuridad de verdad, te inyectas “Watchmen” y que te den por c**o. Mira, una historia para niños/jóvenes (sí, para niños, joder, que te olvidas que aunque los mayores pueden disfrutarla, y hay mogollón de muertes, es una historia de princesas y brujos) no es fácil convertirla en algo más maduro, pero con unas sencillas frases y escenas Rogue One lo consigue. Observa si no la angustia del Capitán Cassian Andor ante la revisión de sus propios actos “por la rebelión”. No se trata de matar en defensa propia, sino que se liquida a un tipo solo para que no hable. Y a sangre fría. Él mismo le dice a Jyn Erso que ha hecho cosas muy duras por la causa. Y seguro que no se refería solo a cepillarse al tipo aquel. No, me temo que no.

Y Darth Vader… está dónde tiene que estar. Después de la pifia de un Anakin Skywalker matando niños, vuelve a la senda de la razón. ¿Cómo? ¿No ves la diferencia? Bueno, entonces no te has fijado nunca en la verdadera esencia de Darth Vader: él no es malvado porque sí. No odia la felicidad. Ni la navidad. No, de hecho, él no se considera malvado, solo quiere orden, por encima de todo. Y poder. No es cruel, es implacable. Consigue su objetivo por el camino más corto, pero no matará por placer. Eso es lo que lo hace un villano tan atrayente. Tiene su propia moral. Y aquí la conserva, siendo implacable con el advenedizo de Orson Krennic, un trepa de cuidado. No lo soporta. Por eso esta película es buena, porque es respetuosa.

Pero además, es una película donde los buenos la diñan. Todos.

Incluso ese aspirante ciego a Jedi, chirrut Imwe, consigue tocarte la fibra sensible, no tanto por su carácter como por la amistad que tiene con Baze Malbus. Es solo un detallito, casi sin explotar adecuadamente, pero mola. No me digas que no.

Y el final, tan triste porque se sacrifica la protagonista en brazos del Capitán, se sacude el mito de los héroes invulnerables que sobreviven a lo que les eches. Lo dicho, muere hasta el apuntador.

Pero, además, ese final tan frenético con los planos pasando de una mano a otra hasta llegar a Leia… oh, bueno… te pone el vello de punta. Porque ves a un Vader desatado, mostrando su verdadero poder y a una debil Alianza sacrificándose por algo que no significa victoria, solo una pequeña esperanza.

Por el camino, se resuelva la gran incógnita: ¿La Estrella de la Muerte fue destruida por un sabotaje interno? Pues mira, responde con un rotundo sí, pero despeja dudas sobre la lealtad de Vader, que eso a los fans nos tenía bastante preocupados. No digas que no.

En cualquier caso, es una peli para disfrutarla, no te empantanes. Me gusta mucho el ritmo que está tomando esto, y lo respetuosos que están siendo con la obra original, que marraneó tanto George Lucas con esas precuelas. Si alguien comienza con la cantinela de Disney, por favor, paradlo y decidle si Mahatma Ghandi lo hubiera hecho mejor. Por el amor de dios, es una peli.

Unos dirán que no tiene ritmo, otros que la historia no tiene profundidad… todo falso. No es un “Salvad al Soldado Ryan”, ni pretende serlo. Es solo una historia de Star Wars, un cuanto para niños que han envejecido (unos mejor que otros), y que trata de tener un poco de trasfondo. Y mola.

Mola mucho.

No te empantanes.

 

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