Posteado por: Skurch | 28 diciembre 2015

Trailers mejores que sus películas: El Hombre de Acero

A todos nos ha pasado.

Ves el trailer de una peli y te sube una suerte de corriente eléctrica (o te baja, dependiendo del género cinematográfico, ejem…) que te deja extremadamente impaciente, pensando en que es la mejor película de todos los tiempos y que has tenido la milagrosa suerte de que ha sucedido en ese minúsculo paréntesis en los cuatro mil quinientos millones de años desde la aparición de nuestro planeta en que resulta que estás vivo. Vale, es un poco exagerado, pero reconoce que te sientes arrebatado, y te revuelves en tu sofá (porque yo siempre te imagino así, tumbado/a a la bartola en un sofá con una cerveza/cola haciendo equilibrios en tu barriga) haciendo cuentas para saber lo que queda para su estreno.

Esos trailers te dejan echo polvo, sí. De hecho, y no sé si lo has notado, son bastante comunes hoy día. Es decir, antes sucedía, pero es que ahora sucede mucho más. Te diré mi teoría al respecto: han encontrado la fórmula mágica, que no es otra que el videclip bien “costeao”. O sea, con pasta.

Lo primero, una buena música, arrebatadora principalmente, que empiece por algo suave, o quizá con dos notas (véase el trailer Star Wars VII: El despertar de la Fuerza, por cierto, música que ya analizamos aquí), pero que luego va creciéndose hasta hacerte saltar las lágrimas. Lo segundo es que las escenas que muestren comiencen de lo más pequeño y local a lo más grande y épico. Por eso era tan importante la música, y por eso la puse lo primero, ¿recuerdas? Así que tenemos una música que va a más y una secuencia de acción que le acompaña… ¿qué cambia con respecto a un videoclip? Bueno, yo creo que un director que ha rodado una película completa tiene para elegir cientos, miles de escenas, y si hay algún diálogo especialmente bueno en la peli, allá que lo pone. Si las frases están bien escogidas, date por muerto porque, amigo mío, te han cazado. Y no te creas que tienen que ser parte del diálogo, pueden ser frases lanzadas a lo power point como en el trailer de “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey“. Cómo ves, esas líneas a pantallazos al final del trailer son aún más geniales que los diálogos.

Vale, me dirás, es que la genialidad de la película El Señor de los Anillos es muy fácil sacar buenos diálogos. Y yo te diré que sí, que bueno, pero también te digo que precisamente por eso no voy a incluir esos trailers en este ciclo, tampoco el de Star Wars VII. Porque esos trailers no son mejores que la película. Como mucho, iguales.

En fin, como te decía, la fórmula mágica parece completa pero… ah, se te ha olvidado un ingrediente. Tenemos muy buena música y unas escenas que crecen exponencialmente al ritmo, luego unas buenas frases escogidas entre la muchas de la película o, si lo prefieres, las pones a machamartillo en pantalla. Vale… pero el ingrediente secreto es… (aquí es cuando caigo desplomado con un puñal a la espalda)… el ingrediente secreto es… (ah, pues no, sigo vivo)… es SUGERIR.

No, no pongas esa cara. Está feo también hablar de mi familia. No, escucha primero y luego opinas.

Verás, todos tenemos historias en nuestra cabeza. Miles de ellas. Absorbidas a lo largo de nuestra vida, mezcladas y vueltas a mezclar. Hemos leído libros, visto películas, ido al teatro o escuchado la radio. Pero también hemos creado las nuestras, desde pequeños, y hemos soñado y hemos imaginado muchas. Y he ahí donde ocurre la genialidad de un buen director a la hora de hacer un trailer mejor que su propia película, porque si logra sugerir una historia con el suficiente acierto, nosotros mismos les pondremos todo el aderezo del mundo. Le habremos hecho el trabajo. Y sin necesidad de meterse en detalles y diálogos y ritmo, donde hay tantas posibilidades de fastidiarla. De hecho, cuántas buenas historias hemos visto reventadas por una mala ejecución o un ritmo inapropiado, o ideas geniales poco exploradas. Sí, también en libros (a la mente se me viene “Ubik”, del maravilloso Philip K. Dick). Y sí, también algún día hablaremos sobre algunos de ellos. Por molestar, más que nada.

Vale, ahora iniciamos este ciclo a lo Balbín con el trailer de “El Hombre de Acero”, de Zack Snyder.

Zack Snyder es un director que te hace saltar allá donde estés sentado. Por eso es mejor no llevarte la tablet al cuarto de baño, créeme. Sus películas basadas en cómic como “300” o “Watchmen” son simplemente geniales adaptaciones. En particular esta última, que me pareció magnífica. Además, es conocido por sus extraordinarios recursos para imprimir velocidad a la acción y adaptar la música a la misma. La combinación perfecta para ese trailer mejor que la película.

Ahí va.

 

 

Vale, no me digas que no te ha gustado. ¿Más que la peli? Ajá, a mí también.

En primer lugar, la música. No, no te molestes en buscarla en Internet. No al menos en relación con El Hombre de Acero. La primera parte de la música es una composición de Lisa Gerrard y Patrick Cassidy de su disco Inmortal Memory, en concreto la pista 4 “Elegy”. Sé que la buscarás y sé que te gustará. Yo sé mucho.

La otra parte, la que resuena en tus huesos y te pone a correr en busca de alguna batalla es parte de la banda sonora original de la película “Elizabeth, la Edad Dorada”, bastante buena por cierto, en su pista 18 “Storm”. Hala, ponte a buscar.

La combinación de ambas provoca un crescendo extraordinario, ¿no crees?

Y ahora las imágenes: un hombre hundiéndose mientras las llamas azotan la superficie del mar, una voz en off de un niño hablando con su madre, imágenes muy cercanas, muy locales, casi íntimas de la vida de ese niño, mientras la madre le llama a concentrarse en su voz, a superar su miedo. El mensaje es simple: es una madre ayudando a su hijo. Enternecedor. Sobre todo cuando tu imaginación va por delante y sabe, SABE, que un niño con tal poder debe estar básicamente confundido, casi inmovilizado por el terror. Vale, segundos después ya habla como adolescente. El mensaje se complica un poco: el adolescente que lucha por NO destacar a la vez que quiere encajar. Ya no solo tiene que lidiar con los problemas sociales a esa edad: destacar contra encajar. Es un delicado equilibrio que se mantiene de manera natural, pero que en el caso de Clark es casi imposible de mantener porque si emplea su talento natural cryptoniano es imposible que pueda encajar con criaturas tan débiles como los humanos. Los demás nos limitamos a intentar destacar lo máximo posible dentro de nuestras posibilidades (y algunas veces incluso por encima). Él, Clark, simplemente no podría hacer eso. Y más teniendo a su padre ahí, dándole caña, diciéndole incluso que es preferible perder a sus amigos (si podéis recordar lo importante que es eso cuando éramos jovencitos/as) antes que revelar su poder. Es duro.

Otros segundos más y ya es un tiarrón, con barba y todo. Y tiene preguntas sobre sí mismo… pero también sobre el mundo en el que vive. Y sobre todo, cómo va a afectar al mundo su propia existencia.

Piénsalo bien. Y repítelo despacio. ¿Cómo… va… a… afectar… al… mundo… mi… propia… existencia?

Para la inmensa mayoría de nosotros es fácil. Poco, casi nada. Y para algunos, algo más, siempre y cuando consigan convencer a un gran número de personas. Y aún así, tampoco significa que se vaya a poder hacer mucho. Solo somos humanos.

Y aquí es donde aparece esa sugerencia, ese matiz que no llega a pronunciarse pero que todos tenemos en la cabeza. Clark es un DIOS. Al menos, tiene un poder como tal. Y el mundo podría moverse a su voluntad, solo por sí mismo, él solo, sin necesidad de nadie. Si quisiera.

Pero él no está seguro.

Y ahora viene la gran genialidad: imágenes de él mismo entregándose a los humanos, a pesar de que todos sabemos que Supermán es bondad… ¿no te suena a algo?

Vamos, no seas mojigato.

Te daré una pista transcribiéndote la última frase para que la recuerdes:

“Mi padre creía que si el mundo descubría quién era yo en realidad la gente me rechazaría, estaba convencido de que el mundo no estaba preparado”

Ajá. Y lo dice alguien con el poder de un dios.

Vale, supongo que ahora captas ese matiz de Jesucristo sacrificándose por los hombres. Pero sobre todo me resulta fascinante la pincelada final, la que lo hace descender a lo más cercano y humano posible, que nos inspira tanta simpatía:

“¿Qué piensas tú?”

Se preocupa por tu opinión, por saber lo que piensas. Ya, ya, sabemos que se lo dice a Lois, pero, joder, se preocupa de lo que ella piense, de lo que todos pensemos.

¿Lo ves ahora?

A eso me refiero. Esos matices, esos vapores donde vemos reflejadas instantáneas que luego barajamos en nuestra mente para construir una historia en apenas dos minutos. Y sin meteduras de pata.

No quiero entrar a valorar la película. No hablaré del poco atino a la hora de explicar el conflicto primordial de Krypton: si te metes a explicar, hazlo bien. Y si vas a explorar los problemas de un Clark descubriendo su poder, hazlo con el ritmo adecuado. Segundos tarda el joío en volar, sin apenas entrenamiento, solo porque le han dado un capa. Los treinta años anteriores no le dio por probar los límites de su poder. Hum… y podría seguir un buen rato. Ya hablaremos también algún día sobre la importancia de definir bien las reglas en una buena historia para evitar hacer trampas. Lo apunto en mi lista de artículos por hacer, no te preocupes.

En fin, que es un trailer que merece la pena más que la propia película. Y no digo que la película sea mala, porque no lo es. Está bastante bien, de hecho. Pero no cumple lo que promete. Y, desde luego, desperdicia una maravillosa oportunidad de trabajar la leyenda de Supermán desde un enfoque sobrecogedor: el dios entre los hombres.

Pero aún así, nos queda el trailer.

La historia perfecta.

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