Posteado por: migueloncio09 | 9 mayo 2010

Ficciones en OMR: Jorge Luis Borges

El programa de radio Ficciones en Onda Maracena Radio. Hoy tratamos la figura y obra de Jorge Luis Borges, con numerosos fragamentos de entrevistas de este escritor universal, y algún que otro poema y cuento.

Puedes escuchar directamente el programa, o también puedes leer el artículo transcrito, donde te señalamos los fragmentos que están insertados en el programa… pero entonces te perderás su su voz argentina, su ingenio… y nuestro “sesudo” análisis.

Tú mismo.

“Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca,
aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.”

Este es Borges: argentino, descendiente de militares hispanos y de predicadores ingleses, amante de la épica y de las sagas islandesas, de la concisión en el estilo, de la metafísica… Premio Miguel de Cervantes de las Letras hispanas, eterno candidato al Nobel de Literatura, considerado de manera casi unánime como uno de los más grandes escritores no sólo del castellano, sino como uno de los grandes de todos los tiempos y todas las lenguas.

Este es Borges. Y sin embargo, a pesar de todo este elogio y del enorme aval de premios que precede su obra, la producción literaria de este autor se ha encontrado desde siempre con dos obstáculos: uno biográfico y otro estético.

El primero, el biográfico, tiene que ver con la ideología de Borges, una ideología conservadora que muchos no le perdonan y que impide a otros tantos acercarse si quiera a su obra literaria.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: soy un anarquista individualista

Según algunos críticos, Borges aseguraba haberse afiliado al Partido Conservador porque los caballeros son partidarios de las causas perdidas. La anécdota puede encontrarse aplicada a varias situaciones distintas, lo cual no tiene que ser signo de error, ya que Borges repetía sin pudor recuerdos, anécdotas y ocurrencias en contextos diferentes. Según Rafael Garzón, por ejemplo, en cierta ocasión los jóvenes universitarios que iban a escuchar una conferencia de Borges recibieron al escritor argentino con manifiesta beligerancia ideológica. Cautivados después de la charla por el verbo docto del maestro, uno de los estudiantes le preguntó a Borges cómo era posible que alguien tan lúcido pudiera oponerse con su ideología trasnochada al curso de la historia. Y fue entonces cuando surgió la cita: Oiga, joven, – replicó Borges – ¿no sabe usted que los caballeros sólo defendemos causas perdidas?

Otros –como Josefina García Pullés– defienden que la frase se la dijo Borges al bedel de la Facultad de Letras donde el escritor impartió clases de Literatura inglesa. En una jornada de huelga, Borges se retrasó en su llegada a la Facultad. El bedel, al verlo llegar, le dijo que había pensado que el profesor se había adherido a jornada de protesta. Sería entonces cuando Borges justificara su retraso diciendo que venía de afiliarse al Partido Conservador, en tanto que, como queda dicho, para él era de caballeros defender las causas perdidas.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: la democracia

Borges ha sido siempre censurado por una ideología que según él mismo osciló desde una supuesta admiración juvenil por el comunismo soviético, una militancia conservadora y la declarada profesión de un anarquismo al estilo spenceriano.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: yo fui comunista entonces

Hay quien señala que el siempre esperado y nunca concedido Premio Nobel se le escapó de las manos al escritor argentino por un galardón recibido en Chile, donde pronunció un polémico discurso y donde se fotografió con el dictador Pinochet, inmortalizando un apretón de manos que, al parecer, dinamitó sus opciones de lograr el premio de la Academia Sueca.

El caso es que poco importa. Confundir la obra con el artista nos parece un error. Es más: la dimensión pública de la obra acaba por impregnar el ámbito privado hasta el punto de que el individuo termina necesitando construir un personaje que presentarle al público. La actitud ideológica o social de Borges poco nos importa. Su obra es lo que perdura y lo que desde aquí queremos reseñar aunque sea sólo de manera muy somera.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: quedaría mejor si dijese…

El segundo de los obstáculos que tradicionalmente encuentra la obra de Borges tiene más que ver con el carácter mismo de su esencia que con su indiscutible calidad. No es una cuestión de estilo, sino más bien de densidad. La de Borges ha sido denominada como la estética de la inteligencia, y eso, así, a veces asusta.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: el Aleph. La estética de la inteligencia.

La complejidad de los temas elegidos por este escritor, su indisimulado coqueteo con la filosofía, su erudición, la apariencia de realidad de sus ficciones y el ficticio realismo de sus referencias bibliográficas… todo ello, presentado eso sí desde la concisión y la aparente sencillez, conforma un corpus literario que puede llegar a repeler por la solidez metafísica de sus tramas y su espesura temática. Es decir, por aquellos aspectos que, precisamente, convierten la obra de Borges en algo singular y que merece la pena no perderse.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: Escribir para uno mismo. El estilo Barroco

Ese confesado interés de Borges por alejarse del estilo barroco, del adorno innecesario, puede matizarse. Como escribe Pere Gimferrer en el prólogo de Arte poética. Seis conferencias (un libro que recoge media docena de conferencias pronunciadas en inglés por Borges durante el curso 1967-68 en la universidad de Harvard), una parte esencialísima de la fascinación de Borges deriva de lo admirablemente afectado de su estilo; que no sea enfático no significa que no esté tan lejos como el de Góngora de ser un estilo llano o invisible.

Junto a ello, advierte Gimferrer:

Otra parte de la atracción de Borges reside en su capacidad para sugerir, poco más que alusivamente, implicaciones metafísicas.

Un estilo muy cuidado, que busca una apariencia de sencillez, y una temática que sugiere el abordaje de aspectos tales como el del tiempo, el universo y su sentido, el orden o el caos. La lógica, la distorsión temporal, el problema de la identidad y la imaginación de mundos posibles constituirán la base de esta nueva estética.

La obra de Borges, en nuestra opinión, podría definirse a partir del título de uno de sus relatos, El jardín de los senderos que se bifurcan. La narrativa borgesiana, en efecto, ofrece al lector un verdadero jardín de maravillas, una floresta que, sin embargo, no crece de manera salvaje y desordenada. Sus argumentos y el estilo con que se presentan están primorosamente cuidados, al modo de un pulcro jardín inglés. Pero es un jardín recorrido permanentemente por un sinfín de bifurcaciones laberínticas, a través de un sendero de aspecto apacible que, no obstante, permite al lector vislumbrar en los márgenes enigmas de imposible solución.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: la tarea del arte

La narrativa de Borges, a partir de los años 30 del siglo pasado, se instala dentro del género fantástico, pero lo hace con una serie de particularidades. Hay que recordar que en la literatura argentina del momento hay dos tendencias: una, reunida en torno a la figura de Victoria Ocampo y la revista “Sur”, incluye autores interesados en la temática fantástica y con una actitud culturalista. La otra tendencia es defendida por escritores que entienden la literatura como un arma de combate social al servicio de sus preocupaciones políticas. Borges, como entenderás, se sitúa dentro del primer grupo.

Pero aquí es interesante puntualizar qué entiende nuestro autor por el concepto de literatura fantástica. A propósito de ello, Martin Hadis analiza en un interesante artículo la diferencia entre la narrativa fantástica de Borges y la de Tolkien. Amantes ambos de las lenguas, de la mitología, de la épica…, lo normal es hallar en la obra de los dos escritores ciertos puntos en común. Y sin embargo, Borges, en referencia a El Señor de los Anillos, señaló en cierta ocasión:

Yo quisiera que alguien me explicara o de alguna forma me transmitiera cuál es la idea de ese libro. La gente dice que si me gusta Lewis Carroll, debería gustarme Tolkien. Me gusta mucho Lewis Carroll, pero me encuentro desconcertado por Tolkien.

Martin Hadis explica este desencuentro a partir de una idea de Steven Pinker. Para este último autor habría dos tipos de obras fantásticas: unas parten de la realidad conocida, para añadirle algunos elementos que la alteran. A partir de ahí la obra desarrolla argumentos idénticos a los de la narrativa realista, sólo que exploran el modo en que los personajes se desenvuelven ante dichas “anomalías”. A este grupo pertenecería la obra de Tolkien, donde el mundo de la Tierra Media sólo se diferencia del que conocemos por la presencia de la magia.

El otro tipo de obra de fantasía sería aquel que resquebraja la realidad en su conjunto, hasta el punto de que todo puede ocurrir en sus páginas. Esto es lo que sucede en el País de las Maravillas que visita la Alicia de Lewis Carroll, o lo que encontramos en la obra de Borges.

La crisis que experimenta la sociedad en la que surge el Borges narrador, esa sociedad sacudida por la filosofía de Nietzsche, por el recuerdo de la 1ª Guerra Mundial o por la inminencia de la 2ª, determina una destrucción de las certezas y las utopías que empuja a nuestro autor hacia la escritura de relatos fantásticos.

Su primer libro de cuentos, Hª universal de la infamia, experimenta con un estilo que mezcla el ensayo y la narración a través de citas rebosantes de erudición o de la inclusión de un índice de las fuentes empleadas por el autor. Se trata de una colección de historias apócrifas, aparentemente bien documentadas, con fechas, lugares precisos, datos y referencias bibliográficas.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: Hª universal de la infamia…

Podríamos destacar el relato El asesino desinteresado Bill Harrigan, una supuesta biografía de Billy el Niño, el delicioso El impostor inverosímil Tom Castro, o el extraordinario cuento oriental El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké.

Son cuentos, no ensayos, pero Borges desarrolla un modelo que a partir de este libro se repetirá con frecuencia. Así, el recurso de presentar la historia como extraída de un manuscrito hallado de manera casual con objeto de crear una falsa apariencia de realidad (algo que ya Cervantes empleó en el Quijote), puede encontrarse en otros relatos.

Así, en uno de los libros más famosos de nuestro autor, El Aleph, encontramos el relato El inmortal, que pretende ser la transcripción de un manuscrito hallado en el último tomo de una edición de la Ilíada de Pope. Lo mismo ocurre en el relato que da nombre al libro titulado El informe de Brodie, que se supone un manuscrito encontrado esta vez en un ejemplar de las 1001 noches de Lane. Falta la 1ª página, apostilla Borges en su intento por simular la realidad de su ficción.

En otras ocasiones, el artificio se manifiesta a la manera de una revisión de la obra de autores que nunca existieron, como ocurre en Tres versiones de Judas, donde nuestro escritor simula analizar la obra de un tal Nils Runeberg inventando las fechas y los títulos de una bibliografía inexistente. Este mismo es el motivo central de Examen de la obra de Herbert Quain, y aparece en otro de los cuentos de la misma colección, Pierre Menard, autor del Quijote.

A este propósito es interesante rescatar las palabras del propio Borges en el prólogo de su libro Ficciones:

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en 500 páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario.

Este juego de bibliografías inventadas (que en su extremo llevó a cabo no sólo con un conjunto de obras, sino con toda una civilización en, por ejemplo, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius) se nos presenta de nuevo en el prólogo que Borges incluyó en su obra Prólogos con un prólogo de prólogos:

…La revisión de estas páginas olvidadas me ha sugerido el plan de otro libro más original y mejor, que ofrezco a quienes quieran ejecutarlo […] Constaría de una serie de prólogos de libros que no existen. Abundaría en citas ejemplares de esas obras posibles…

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: la verdad

En ocasiones, el recurso empleado para simular la realidad es incluirse como personaje del relato, o afirmar la veracidad del argumento, aún a sabiendas de que será tenido por un cuento. Esto último ocurre en El otro, un relato que comienza diciendo

El hecho ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente por que mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí.

Por el contrario, en otros textos son acontecimientos realmente vividos por Borges los que inspiran parte de sus argumentos. Así, cuando en There are more things el personaje narrador recuerda cómo su difunto tío le explicaba las perplejidades de la filosofía (una de las naranjas del postre fue su instrumento para iniciarme en el idealismo de Berkeley; el tablero de ajedrez le bastó para las paradojas eleáticas, dice el texto), lo que hace Borges no es sino recordar las enseñanzas que recibió de su propio padre.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: mi padre me explicó la filosofía como un juego

Con todo, el dato biográfico más destacado que se introduce en la narrativa de Borges aparece en el cuento El sur, uno de los más celebrados por el propio autor, e incluido en su obra Ficciones

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: El sur

Pero estos son sólo algunos recursos de los que se vale el autor para introducirnos en su universo, para abrirnos la puerta de su mundo de ficción. El cosmos fantástico de la narrativa de Borges es, obviamente, mucho más que eso. Sus relatos desbordan todo tipo de certezas, como dijimos antes, conformando la idea de un universo semejante a un rompecabezas cuyas piezas encajan a veces por simple azar, configurando un todo sin sentido aparente. Así se nos muestra en el espléndido La lotería de Babilonia, donde todo destino, toda existencia, es fruto de un azar caprichoso y arbitrario que a todos afecta por igual. La única manera que nuestro autor parece encontrar para asumir la existencia del absurdo es el humor, un humor sutil y resignado, fruto de la lúcida perspectiva de que todo puede ser sólo un juego: el héroe puede ser en verdad un traidor, como en el relato Tema del traidor y el héroe, o Judas puede que fuera, en realidad, el verdadero Redentor, como se nos sugiere en Tres versiones de Judas.

Poema: Del rigor de la ciencia

El mundo literario de Borges se asienta sobre la oscilación entre el caos y la esperanza de un sentido que le dé orden al universo. La obra de nuestro autor será, por ello, un intento por encontrar una verdad que aclare el problema. Cualquier verdad, sea ésta la que fuere.

La búsqueda, sin embargo, no halla certezas. Por ello, la idea que nos deja la narrativa de Borges es que el universo carece de sentido, o que si lo tiene es de un carácter tal que el ser humano no está capacitado o no posee la información necesaria para desentrañarlo.

Todo puede deberse al azar o a un plan indescifrable para nosotros. Por eso es frecuente encontrar en los relatos de Borges la idea de un universo laberíntico cuyos moradores buscan afanosamente un sentido a cuanto les rodea. Este es el caso de La biblioteca de Babel, que comienza, precisamente, identificando el universo y la biblioteca que da nombre al cuento:

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas.

Más adelante se hace explícita la búsqueda incesante de una clave que explique el sentido de ese laberinto de libros:

En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios.

Y es que quizás la solución al enigma del universo esté representada en símbolos cuya interpretación está prohibida al ser humano, por mucho que en ocasiones parecen ofrecer indicios de la existencia de ese plan que debe regir el cosmos.

Ese indicio aparece, por ejemplo, en La escritura del dios, donde el protagonista dice alcanzar el conocimiento último descifrando la palabra divina que se escribe en las manchas de un jaguar.

El tema del objeto cósmico que encierra el secreto del universo aparece en El aleph¸ en forma de punto espacial que contiene todos los puntos, visibles de manera simultánea y desde todos los ángulos posibles, en El zahir, El disco o El libro de arena.

En cualquier caso, son objetos que conllevan su propia maldición, ya que el ser humano no parece destinado a poseer ese conocimiento último y esencial. Como señala el protagonista de El libro de arena,

…comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que infamaba y corrompía la realidad.

Este es el universo que nos presenta Borges en sus cuentos. Y todo ello viene expresado por medio de una serie de símbolos que se repiten una y otra vez: el laberinto, por ejemplo, sería la representación más clara del caos, pero también representa la búsqueda del orden, el deseo de huida… Los laberintos de Borges son alambicados edificios, construcciones monstruosas que enloquecen a quienes se adentran en ellas…, pero también son laberintos infinitos, circulares, laberintos lineales o diáfanos espacios sin salida…

El laberinto puede ser un libro infinito, sin comienzo ni final como en El libro de arena. Puede ser una biblioteca cósmica, como en el magistral cuento La Biblioteca de Babel, ya citado. Puede ser un acertijo intelectual, como en La muerte y la brújula, un relato policial que suma a la trama detectivesca los enigmas cabalísticos. O puede ser un laberinto físico, como en los relatos Abencaján el Bojarí, muerto en su laberinto y Los dos reyes y los dos laberintos.

Pero el laberinto es algo más: Borges nos sumerge dentro de ese dédalo de posibilidades, introduciéndonos en su propio laberinto literario. Por ejemplo, en el caso de los dos últimos relatos citados. En el primero, el de Abencaján el Bojarí… la llegada de un extraño personaje oriental que desea construir un laberinto hace que el rector Allaby divulgue desde el púlpito una supuesta historia de las 1001 noches sobre lo pernicioso de la construcción de laberintos. Esa historia, como se nos indica más adelante a través de una nota a pie de página del propio autor, es el siguiente relato del libro, Los dos reyes y los dos laberintos. Borges, como vemos, se inserta dentro de las 1001 noches y nos conduce por los pasadizos secretos que él mismo crea dentro de sus páginas.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA:la biblioteca de mi padre

Y si el laberinto es esencial en la obra de nuestro autor, en sus páginas no puede faltar su habitante más tradicional: el minotauro. No te pierdas, si no lo has leído ya, el memorable y brevísimo relato La casa de Asterión.

Otro elemento recurrente en la obra narrativa de Borges es el tiempo. Al ser el tiempo lo que ordena y estructura la realidad, en el universo de nuestro autor aparece desvinculado de ese carácter ordenador. Así ocurre por ejemplo en El milagro secreto, donde el tiempo se detiene, o al menos eso parece, para su protagonista.

La idea del doble, es decir, del análisis de la propia identidad, aparece también como un intento por precisarnos, por desentrañar nuestra propia esencia. El espejo que todo lo repite y que nunca refleja la realidad que se asoma a su superficie, la memoria de Funes el memorioso, que retenía de manera casi obscena cada minúsculo detalle de una realidad duplicada en su mente hasta el infinito… Y el sueño, el sueño como realidad alternativa, como un eco de la verdadera realidad que se nos cuela sin querer en la conciencia. Como se nos dice en El milagro secreto

Recordó que los sueños de los hombres pertenecen a Dios y que Maimónides ha escrito que son divinas las palabras de un sueño, cuando son distintas y claras y no se puede ver quien las dijo.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: poemas en sueños

¿Es la realidad un sueño de nuestra imaginación? ¿O nosotros también somos soñados por otro durmiente, como se nos propone en Las ruinas circulares?

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: la intrusa

Este es Borges. Si no lo conocías y hemos logrado acercarte su obra nos sentimos satisfechos. Y si ya habías leído al maestro argentino estamos seguros de que nada de lo que podamos haber dicho menguará tu interés por su narrativa.

FRAGMENTO DE ENTREVISTA: Usted es Borges. Bueno, y qué le vamos a hacer

En fin. Hasta aquí llegan estas Ficciones de hoy. Gracias por haber estado ahí, escuchándonos o leyéndonos. Ya sabes que puedes volver a encontrarnos en Onda Maracena Radio y en cualquier momento en el blog ficcionesreales. wordpress.com.

Un saludo… y recuerda que hacemos este programa especialmente para ti.

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Responses

  1. Hay un error, Borges dijo haberse afiliado al partido conservador porque era el único partido que no podía despertar fanatismos. Lo de las causas perdidas era por su simpatia por el anarquismo.

  2. […] Fuente: Penelope Trunk Imagen: Ficciones Reales […]

  3. […] Y ya que hablamos de Jorge Luis Borges… ficcionesreales.wordpress.com/2010/05/09/ficciones-en-omr-jo…  por Ranan hace 3 segundos […]


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