Posteado por: migueloncio09 | 29 noviembre 2009

Mis héroes favoritos I: Rick Blaine (Casablanca), el héroe de cartón piedra

DEL 10 AL 1: MIS HÉROES FAVORITOS (I)

Al margen de los múltiples vaivenes que ha sufrido el concepto de héroe a lo largo de la Historia, creo que hay dos ideas básicas que hilvanan todas sus posibles definiciones: la primera  es que el héroe encarna los valores de un colectivo, ésos que se escriben con letra de molde y se memorizan de generación en generación. Y en segundo lugar, el héroe debe ser capaz de realizar algo extraordinario, esto es, una hazaña. De aquí se deduciría que la puesta en práctica de los valores y principios de un colectivo no resulta casi nunca al alcance del individuo común. Supongo que por eso son valores y se tallan sobre piedra con letra de molde.

En cualquier caso, la idea de héroe sigue siendo un concepto poliédrico, imposible de concretar bajo un único estereotipo. Por eso (y porque me apetece, que todo hay que decirlo) aquí va mi propia clasificación de los mejores héroes que conozco. Ni soy ni pretendo ser original, así que seguro, seguro que vas a encontrar alguno de los que estás pensando.

Y te va a gustar.

Lo sé.

Número 10: Rick Blaine (Casablanca), el héroe de cartón piedra.

Hasta los quince años yo quería ser Humphrey Bogart. No como Bogart, sino el propio Humphrey. Su aspecto se salía de los estereotipos del galán de moda, y aún así las féminas de sus películas parecían disputárselo, a veces de una manera descarada para la época (recuérdese su frase en El sueño etreno, refiriéndole al viejo coronel Sternwood la actitud de su hija Carmen: La he visto en el vestíbulo. Me tomó por Santa Claus y quiso sentarse en mis rodillas.). Y sin embargo él respondía casi siempre con una indiferencia glacial o sarcástica (Carmen Sternwood: Me gusta usted. Me gusta. / Marlowe: ¿Sí? Pues aún no ha visto lo mejor. Tengo una danzarina balinesa tatuada en el pecho).

Eso me fascinaba. Cuando tienes quince años y no has repetido curso ni tu talla despunta por sobre la de tus compañeros, cuando no vacilas de moto, cuando no luces estilo con tu ropa de marca, entonces es mejor ser Humphrey Bogart que andar babeando poemas de amor imposible a la guapa de la clase, ésa que siempre se arrimaba (a veces más bien se yuxtaponía) al rufián adinerado y repetidor de turno. Me gustaba que Humphrey marcase una distancia de hielo con los deseos de las chicas caprichosas, hasta el punto de que fueran ellas quienes babeasen inútiles requiebros de amor al paso firme del tipo. Humphrey se hacía de rogar. Y la cosa le funcionaba.

Durante años yo soñaba con emular al Bogart de El sueño eterno. Investido bajo la personalidad del detective Marlowe, su dureza de cine negro alcanzaba límites excelsos en cada una de sus intervenciones. Si la descarada Carmen se le abalanzaba, él se zafaba de las niñerías de la joven consentida sin mudar el gesto (Carmen: Es usted guapo. / Marlowe: Sí, y cada minuto que pasa lo soy más (…). ¿Cómo la trata Eddie Mars?/ Carmen: No le conozco (…). ¿Es guapo? ¿Es tan guapo como usted?/ Marlowe: Imposible). De todas formas, cuando la chica merecía la pena, cuando estaba a su altura en ingenio y socarronería, Marlowe/Bogart sabía limar asperezas en busca del roce suave que, a fin de cuentas, ambos andaban buscando (Vivian: Podríamos habernos divertido mucho de no ser usted detective. / Marlowe: Aún podemos). Da igual que los diálogos partieran del talento de la novela de Chandler; sólo Bogart podía darles cuerpo en la pantalla de ese modo (no pretendo aquí valorar su capacidad como actor; él ya se encargó de mostrar su versatilidad en, por ejemplo, La reina de África, cuya interpretación del marinero dulcemente sometido al puritanismo patriótico de la hermana del predicador le valió un Óscar).

Y así llegué a Casablanca. Rick Blaine condensaba en un solo tipo todo lo que Bogart era capaz de encarnar. El personaje en sí puede resultar por completo predecible, pero eso no impide que se esperen sus apariciones con admirada expectación.

Rick es, en primer lugar, un hombre respetado:

ILSA: Rick, ¿quién es?

RENAULT: Bueno, está usted en Rick’s, y Rick es… un hombre del que yo me enamoraría si fuera mujer. Un ser extraño, misterioso. Así veo yo a Rick. Pero, ¡qué estupidez hablar a una bella mujer de otro hombre!

Lo avala el contraste entre sus principios y su aparente indiferencia:

RICK: No me interesa la política y los problemas de los pueblos no son de mi incumbencia. Lo mío es un café.

LASZLO: Mis informes no corroboran esa declaración: combatió usted en Etiopía; combatió al fascismo en España.

RICK: Bueno, ¿y qué?

LASZLO: ¿No es curioso que siempre estuviera en el bando de los desafortunados?

RICK: Sí, resultó una afición muy cara; pero los negocios siempre se me han dado muy mal.

Es, cómo no, un tipo irresistible para las mujeres, aunque de nuevo sabe ser de hielo con aquellas que no merecen su atención:

YVONNE: ¿Dónde estuviste anoche?

RICK: ¿Anoche? No tengo la menor idea.

YVONNE: Y, ¿qué harás esta noche?

RICK: No hago planes con tanta antelación.

Se sabe por encima de los mediocres y de los tiranos, y ni se apiada de los primeros ni se arredra ante los segundos:

UGARTE: ¿Tú me desprecias, ¿verdad?

RICK: Si tuviese tiempo de pensar en ti, posiblemente te despreciaría.

…………………

MAYOR STRASSER: ¿Cuál es su nacionalidad?

RICK: Soy borracho.


Es dueño y señor de su vida y de su café, pero la gente lo sigue por devoción, no por dinero:

HOMBRE: Ha de saber que yo era el director del segundo banco de Amsterdam…
CARL: ¿Del segundo? No creo que a Rick le interese. El del primero de Amsterdam es ahora nuestro cocinero. Y su padre es el portero.

……………………

FERRARI: ¿Qué quieres por Sam?

RICK: No compro ni vendo seres humanos.

Y sin embargo el granítico Rick Blaine es un sentimental. Ayuda a escapar de las lúbricas garras de Renault a una joven que espera ansiosa un salvoconducto que les ofrezca a su esposo y a ella misma la posibilidad de un futuro. Y sobre todo es capaz de pasar toda una noche emborrachándose por el recuerdo de aquel amor que ya nunca podrá ser. Porque Rick lo sabe. Sabe que Ilsa debe regresar junto a Víctor Laszlo, que París quedó atrás, en ese lugar de la memoria donde ya no pueden desdibujarlo ni el rencor ni la rabia.

Hoy en día las políticas de género reprobarán al personaje de Casablanca, considerándolo machista o algo por el estilo. Las políticas sanitarias lo satanizarán por el impenitente cigarrillo que lo acompaña. Y las políticas gazmoñas lo estigmatizarán como un personaje trasnochado y retrógrado.

Pues muy bien. A mí me sigue encantando. Rick es un héroe de cartón piedra, de acuerdo. Se le ve la pose a la legua, se le adivina nada más verlo venir. Pero me gusta esa dureza en el trato con los miserables y esa ternura que sólo aflora envuelta en papel de lija. Hay una difusa tristeza en la mirada del impávido hombre de piedra, y eso está al alcance de muy pocos.

Yo quería ser Rick. Qué pena que pase el tiempo y uno se dé cuenta de que hay sueños que no se cumplen. Que ni siquiera deben cumplirse.

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Responses

  1. […] que sea una hipótesis atrevida pero, ¿qué hubiera pasado si en la época en la que Rick Blaine, el personaje interpretado por Humphrey Bogart en la inolvidable Casablanca, se planteaba abrir un […]

  2. !! Que bien escrito !!

    • Muchas gracias. Nos alegra que te gustara el post, y el cumplido, pues oye, siempre gusta, ¿no?. Gracias otra vez.

  3. […] Mis héroes favoritos: 1/10 […]


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