El mito del Vampiro es parte del imaginario colectivo humano en todas las sociedades, pero ¿de dónde procede? ¿cuáles son sus orígenes reales? ¿Cómo ha cambiado a lo largo del tiempo?
Todas estas preguntas NO serán respondidas en este programa sobre el Vampiro (¿quién crees que soy?), pero seguro que te agradará saber que nosotros también nos preguntamos lo mismo, y que algunas pistas sobre las respuestas hemos podido encontrar.
Y, como siempre, Ficciones en Onda Maracena Radio está hecho especialmente para ti.
Este es el lema de la Tyrell Corporation en el guión de la película Blade runner de Ridley Scott. La cinta (1982) nos sitúa en un mundo entonces futuro: A principios del siglo XXI, la Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot llamado Nexus. Un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como Replicante. Los Replicantes Nexus-6 eran superiores en fuerza y agilidad y, al menos, iguales en inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon. En el espacio exterior, los Replicantes fueron usados como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración y colonización de otros planetas.
Los replicantes son, pues, un modelo muy avanzado de robot. Tan avanzado que sólo un aspecto separa a los humanos de los Nexus 6: fueron diseñados como copias de seres humanos en todos los sentidos, excepto en sus emociones. Pero, los diseñadores creen que, al cabo de unos años, pueden desarrollar sus propias respuestas emocionales; odio, amor, miedo, cólera, envidia…. En la novela de la que parte la idea de Blade Runner (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick) la diferencia entre seres humanos y máquinas sólo estriba en la imposibilidad de estas últimas para experimentar la empatía. Esa carencia, detectada a través del sofisticado test de Voight Kampff, es lo único que permite distinguir a los replicantes de quienes no lo son. Leer Más…
Pero en este programa analizamos la figura del Héroe, el concepto mismo y cómo ha ido evolucionando. Utilizamos para ello una obra “divulgativa de Joseph Campbell sobre el mito, “El Héroe de las Mil Caras”, como hilo conductor del programa.
Nos acompaña Ramón Repiso, y tenemos cortes sonoros de películas como “Pactar con el Diablo”, “El Imperio Contraataca” y “Gran Torino”.
La obra Bladerunner del director Ridley Scott ha sido considerada un film de culto reconocido a través del tiempo. Hoy analizamos esta película junto con la obra que la inspiró, el libro de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”.
Nos acompaña la extraordinaria banda sonora de Vangelis, y los cortes sonoros de la película seleccionados para la ocasión.
Una nueva entrega del programa Ficciones en Onda Maracena Radio.
Esta vez, dedicado a la mejor novela gráfica de todos los tiempos: Watchmen, de Alan Moore.
Esta obra ha sido analizada desde múltiples ángulos en el ámbito del cómic, pero no más allá, hasta la aparición de la película de Zack Snyder (“300″), y su puesta de largo en los cines del mundo.
Como muchas de la películas de culto, no ha sido bien recibida por el público en general, pero estamos convencidos (me refiero, por supuesto, a los autores de este blog) desde el primer visionado, que esta película acabará por calar entre las personas que buscan en el cine nuevas expectativas y horizontes culturales.
Sirva esta correctísima adaptación de esta maravillosa novela gráfica, y sirva también este humilde programa de radio de estos indignos locutores, para que alguna persona sacie su curiosidad acercándose al sublime mundo de los cómics, y en especial a sus obras maestras.
Aquí tenemos el primer programa de radio grabado en ONDA MARACENA RADIO.
Este programa no pretende ser un sesudo estudio sobre un tema basado en la ficción, sino ligera reflexión sobre esa maravillosa capacidad del ser humano de crear lo que no existe con ánimo de ser feliz y hacer felices a los demás: la ficción.
El tema de hoy son Los Robots. Mucho se tendría que decir de este tema, pero baste un sencillo (o no tanto) esbozo, tanto en la literatura como en el cine para comenzar a indagar sobre estas fascinantes máquinas.
El programa dará un repaso sobre el concepto, su definición y origen, los diferentes puntos de vista en la literatura y el cine, con cortes de las películas “Almas de metal” (como máquinas fuera de control), “Terminator” (como icono de la Inteligencia Artificial malvada o robot genocida), “2001, una odisea en el espacio” (como inteligencia artificial neutra, y por ello, aún más atemorizadora), y los Robots de Asimov (como las máquinas bondadosas por excelencia).
Os aconsejo que os sentéis y escuchéis tranquilamente.
Lo sé. Dije que Spiderman era mi superhéroe favorito. Por eso puede sonar raro que Batman aparezca en esta lista ocupando un lugar preeminente con respecto al arácnido vecino. La explicación es sencilla. Spidey es un héroe juvenil, varado por siempre (en lo que a mi memoria se refiere) en sus años de universidad, de trabajillos mal remunerados para el diario de Jameson, de amores que no llegan a concretarse. Luego se casó con Mary Jane, es cierto, pero ese Spiderman ya no es el que yo leía de adolescente. Lo que me gustaba (y me sigue gustando) de Parker es lo que tiene de juventud, de futuro posible.
Batman es otra cosa. Cuando se dejan atrás los dieciocho años uno va poco a poco acercándose al “señor de la noche”. Y cuando se tiene la edad que yo tengo (no me lo recuerdes, canalla), Batman está por encima del amistoso hombre-araña. Porque Batman ya no es el héroe bondadoso que todos quisiéramos llevar dentro, oculto bajo una máscara de mediocre cotidianidad. Batman no es ni bueno ni malo; su justicia es tan personal y subjetiva que deja de ser justicia para adentrarse de lleno en el terreno de la venganza. Bruce Wayne no es Peter Parker, en la misma medida en que uno ya no es a los cuarenta quien era a los dieciocho. Millonario y poderoso en su vida “oficial”, poco tiene que ver Wayne con el pobre Parker, preocupado siempre por la salud de la tía May, por los exámenes, por las veleidades femeninas… Leer Más…
La mayoría de los héroes comparte un estigma común: la soledad. Un individuo singular, especial en su manera de conducirse o en el valor que encuentra ante determinadas situaciones, no puede por lo general sentirse arropado por una multitud. Los “superhéroes” viven la disociación de su personalidad (ciudadano conocido / encapuchado misterioso) obligados a rechazar cualquier tipo de intimidad que pueda poner en peligro su secreto. Los héroes éticos se ven aislados por una sociedad que ve en la rectitud del personaje un reflejo inverso de sus propias incoherencias. Y así con casi todos los tipos de héroes que podamos imaginar.
Espartaco, por contra, es un héroe de masas. Un héroe popular, en el sentido más limpio de la palabra. Encabeza, como ejemplo a imitar, una multitud que lo sigue y lo admira. Y es aquí donde tal vez resida la diferencia: la admiración que Espartaco despierta es lo que lo convierte en un héroe para los demás.
No es extraño, en cualquier caso. Todos necesitamos guías, un norte espiritual o magnético que tomar como referencia, porque no todos podemos ser héroes. Además, la historia de Espartaco se desarrolla en la época en la que se gestan las grandes hazañas, aquellas que perduran en la memoria colectiva y cuyos líderes se convierten en paradigmas de valores imitables.
De todas formas, Espartaco vive también su particular deambular de héroe solitario. Convertido en esclavo y obligado a salvar la vida luchando como gladiador, es tratado como un animal de presa a quien se alimenta e incluso se ofrecen mezquinas recompensas carnales (recuérdese que Varinia es entregada a nuestro personaje como pequeño trofeo con el que satisfacer urgencias o deseos salaces). Aquí el héroe sobrevive en soledad, la soledad de sus principios y de la firme determinación de no dejarse convertir en un objeto de lucha y diversión. Si los demás ceden, Espartaco no; si los demás comen de la mano que los alimenta, Espartaco come para sobrevivir y recordarse en cada momento que no es un esclavo, sino un espíritu libre.
Y cuando la oportunidad se presenta, el héroe reacciona según los dictados de su conciencia, asumiendo de manera individual las consecuencias de sus actos. Lo que ocurre es que su valor, en vez de despertar la envidia de los demás, enciende los aletargados espíritus de quienes, como él, sobreviven a una esclavitud siempre indigna.
Aquí se produce el punto de inflexión en la carrera del héroe legendario. Si el Cid del Cantar decide hacer jurar al rey Alfonso su inocencia en la muerte del anterior monarca, lo hace por propia iniciativa. Y parte al destierro consecuente a su osadía acompañado sólo por un puñado de fieles caballeros. Son sus gestas posteriores lo que poco a poco consigue engrosar las filas de sus ejércitos. Del mismo modo, Espartaco se rebela ante quienes lo esclavizan, asumiendo que puede morir en el intento. Pero no muere; y su ejemplo prende en el rencor aletargado de cuantos, como él, sufren la humillante falta de libertad.
Espartaco pretende liberar a todos los esclavos de Roma que quieran unírsele. Su capacidad de liderazgo aleja la posibilidad de que alguien le discuta el puesto. Su valor lo consagra como ejemplo, porque ni pide ni lucha por nada que no sea deseado por quienes lo siguen con fervor. El combate lo libran todos, pero es el héroe quien lo inicia, quien se atreve a iniciarlo.
La muerte no logra destruir al héroe. Lo único que consigue es hacerlo merecedor de un hueco en la leyenda eterna del ser humano libre.
Yo no podría ser Espartaco. Pero quiero pensar que, llegadas las circunstancias, lo seguiría hasta la derrota y junto a los demás también gritaría: “Yo soy Espartaco”.
Me gustaría ser una persona éticamente correcta. Un buen hombre, que diría, en el buen sentido de la palabra, don Antonio Machado. Pero ser “bueno” no es, en mi opinión, lo que normalmente pensamos al oír ese término. Nick Carraway, el personaje que F. Scott Fitzgerlad inventa como narrador para su novela El gran Gatsby, es un ejemplo de lo que a mí me gustaría llegar a ser.
Carraway merecería ya entrar en esta lista por las palabras con que comienza la novela: Cuando era más joven y más vulnerable, mi padre me dio un consejo en el que no he dejado de pensar desde entonces.
“Siempre que sientas deseos de criticar a alguien, me dijo, recuerda que no a todo el mundo se le han dado tantas facilidades como a ti”.
Me encanta el consejo que el señor Carraway le dio a su hijo. Y me gusta más aún que el hijo recuerde siempre lo que su padre le recomendó y que (y ahí está la gracia) lo lleve a la práctica: El resultado es que tiendo a no juzgar a nadie, costumbre que ha hecho que me relacione con muchas personas interesantes y me ha convertido también en víctima de bastantes pelmazos inveterados.
Esa tolerancia ante los demás está muy bien, qué duda cabe. Pero así, sin más, a mí la tolerancia no me dice gran cosa. Lo importante es saber dónde están los límites de lo tolerable. Eso es lo difícil. Y Carraway lo sabe: … después de haber presumido de mi tolerancia, he de confesar que tiene un límite. El comportamiento puede estar fundado sobre roca o en terreno pantanoso, pero más allá de cierto punto me da lo mismo cuál sea su base. Leer Más…
Spiderman ha sido siempre mi superhéroe favorito. Si no figura en el número 1 de esta lista es sólo porque de tan buen chico puede llegar a resultar, digamos, demasiado cercano. Es, no lo olvidemos, nuestro “amistoso vecino”, ese bienhechor que queda en el anonimato no sólo porque oculte su rostro bajo la máscara, sino porque el suyo pretende ser el rostro de cualquiera. Su lucha contra el crimen es la misma que todo ciudadano decente y bienintencionado llevaría a cabo… si tuviese los medios y el valor para hacerlo. Y nuestro entrañable hombre-araña posee ambas cosas.
Peter Parker es el yerno con el que toda madre sueña. Huérfano, educado por el mimo frágil y aletargado de la tía May, compagina la brillantez en los estudios y el trabajo de fotógrafo para el Daily Bugle del histriónico J.J. Jameson. Así, con los exiguos ingresos que recibe del tacaño editor, alivia las dificultades económicas del domicilio familiar. Su timidez, su educada y cándida manera de conducirse por la vida, lo convierten en un buen amigo, pero lo alejan del epicentro de la popularidad. Sin embargo, su alter ego arácnido, Spiderman, es lenguaraz y atrevido, ingenioso para el chiste incluso en medio de la pelea (sus enemigos, en más de una ocasión, se han sentido más torturados por su verborrea que por la endemoniada rapidez de sus movimientos o la contundencia de sus golpes). Lo mismo combate al ladrón callejero que a la banda de criminales organizados, pero sus superpoderes dan toda su medida al enfrentarse a supervillanos como el Duendecillo verde. Quizás fuera éste su principal enemigo. Y quizás porque fue el único capaz de hacer que el siempre correcto Parker/Spiderman traspasase la línea.
Eso es lo que me fascinaba de Peter Parker. No era más que un chaval cualquiera: apocado, buen estudiante, enamoradizo y modelo de cortesía. Yo quería ser como él. Pero sólo porque tras la máscara del gris muchacho (la vieja pregunta: ¿quién oculta a quién?) se esconde un Spiderman tan equilibrado que sabe administrar sabiamente sus apariciones y su anonimato. Leer Más…
Ficción y realidad... dónde acaba una y comienza la otra, una pregunta que pensamos contestar aquí, entre todos, para que le quede constancia a futuras generaciones que perder el tiempo, ser perezoso, el debate esteril, el ocio inutil, nunca ha aportado ningún mal al mundo.